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martes, 26 de octubre de 2010

SHAOLÍN DEL ARTE MARCIAL A LA CURACIÓN DEL ALMA

Por: Ana Katherine Toro Salamanca

La mano izquierda extendida y el puño derecho cerrado se unen para simbolizar el cielo y la tierra. Los ojos deben estar vigilantes y los labios predispuestos para pronunciar las sagradas palabras – Pi - an - que significan: que la paz esté contigo. Con este antiguo ritual, comienza cualquier combate en el milenario arte marcial chino del Shaolín.
En Bucaramanga se practicó por primera vez hace aproximadamente 30 años, y a partir de esa fecha los 33 principios filosóficos, y la rutina deportiva promulgados por la doctrina también se cumplen.
Los discípulos occidentales, lentamente y con el paso de los meses se preparan para ser guerreros. Andrés Suárez, uno de ellos, se destaca por sus habilidades físicas, pero también por ser sordo. Irónicamente su falta de audición le permite concentrarse mejor, para desarrollar golpes más agudos y técnicas de defensa más rápidas, que otros en condiciones normales hubiesen tardado largo tiempo en adquirir. “Al no tener ruidos del entorno, toda mi atención está en el contendor, por eso no me distraigo y reacciono con más velocidad”.
Un día del año 2005 del que no se tiene fecha exacta, Andrés de 14 años, quien perdió el oído cuando tenía apenas cuatro, conoció a Juan Manuel Mantilla, un Hat Shu Si Tai o Cinturón negro rango uno, estudiante de Psicología, que por medio de un combate, reconoció en él características especiales como, resistencia y umbrales de dolor y temor más desarrollados que en personas oyentes; desde entonces Juan Manuel se propuso investigar sobre los efectos del Shaolín en adolescentes hipo acústicos, y asumió el cargo de coordinador del Semillero GAMAK, que tituló su primer informe: Psicología del discapacitado.
El Fa Men Chuang o Shaolín Tsu Kempo define la enfermedad como producto de un bloqueo de energía o ausencia de la misma. Para las personas discapacitadas (en este caso jóvenes hipo acústicos) el problema no radica únicamente en no poder oír, como consecuencia de esta alteración surgen complejos, baja autoestima y diversos esquemas de negación, acompañados de conductas agresivas o movimientos muy fuertes, cimentados en la restringida comunicación entre ellos mismos y ante los demás.
El proyecto de investigación planteado por el semillero de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santander (UDES), estudia la práctica progresiva del arte marcial en jóvenes no oyentes, fundamentada en el análisis filosófico de textos. Al reestablecer el libre flujo de la energía, es posible que el adolescente sea tolerante, creativo y propositivo; además puede aprender a aceptar su discapacidad porque no se limita, lo cual forma el carácter y le ayuda a madurar sanamente.
Carlos Bermúdez, Cinturón negro rango tres o Si Suk -traducido al vocablo chino- ha preparado durante casi 20 años más de doscientos cinturones negros y de colores en la ciudad. Ha visto muy de cerca el progreso del joven sordo que inspiró la investigación y sin ninguna duda argumenta, “La práctica del shaolín es para personas constantes y disciplinadas y esto sólo se logra por medio de la meditación. Para un discapacitado normalmente es más difícil, sin embargo al profundizar en las virtudes del arte marcial, se descubren las fortalezas mentales del individuo, y al igual que el barro en las manos del alfarero, se pueden modelar el alma y el cuerpo”.
La transformación nace de la voluntad y deseo de cada estudiante, es precisamente así como el monje o misionero shaolín construye con su propia vida un verdadero templo inmaterial, al que se acercan todos aquellos que quieren cultivar paz y sabiduría.
Después de llevar la ponencia a San Gil, Pereira y Cartagena, el principal propósito de este grupo de investigadores es empezar a aplicarla. El primer sitio que les abrió las puertas fue el Instituto para niños discapacitados CENTRABILITAR, donde a partir del mes de abril se podrán ver los frutos. Contarán por supuesto con la colaboración de Andrés Suárez, quien servirá como intérprete de señas con los niños sordomudos.
Juan Manuel Mantilla Coordinador del Semillero GAMAK, recalca la importancia de que los niños asimilen la verdadera esencia de un Shaolín, que está orientada hacia las técnicas de defensa, pero no precisamente las que procuran el combate cuerpo a cuerpo. Aunque se aprende a manejar desde bastones de madera hasta filosas espadas, su uso ocupa un segundo plano; el real enemigo de un guerrero está constituido por sus limitaciones internas, si definitivamente se quiere vencer en la batalla se debe derrotar primero al contendor no tangible. Después de eso cualquier ataque externo será inofensivo o en la mayoría de casos innecesario. Las armas que decoran los monasterios en oriente son símbolo de la nobleza, no de la violencia.
Otro de los aspectos del proyecto que llama considerablemente la atención, es que al discapacitado se le exigirá más que a un deportista ordinario. Graciela Uribe, mamá de Andrés habla según la experiencia de su hijo, “el objetivo es que el joven sordomudo se ponga retos y exigencias, hasta que alcance el nivel de alguien con los cinco sentidos, asumiendo que está en igualdad de condiciones, eliminará de su cerebro las barreras que le impiden tener seguridad interior. Si este paso se logra el adolescente podrá establecer relaciones comunico-lingüísticas con otras personas oyentes y no oyentes, y no recurrirá a comportamientos rudos para hacerse entender y sentirse parte del contexto social”.
El tipo de comunicación que se desarrolla a través de este arte marcial es complejo, va más allá del lenguaje hablado cotidianamente, o de las señas utilizadas por los sordomudos. Está basado en expresiones de los sentidos, por eso se pueden leer las miradas y escuchar el silencio. Se dice que quien logra llegar hasta este punto, ha alcanzado la verdadera sabiduría.
El proceso de iluminación se alcanza día tras día con el análisis y la reflexión filosófica.
Antes de terminar cada entrenamiento las manos se unen y al unísono se escucha un precepto: Engendrar y no poseer, producir y no conservar, dirigir y no dominar, en esto consiste el misterio de la vida. Quien así lo entiende comprende el camino oculto. Seguidamente se inclina la cabeza diciendo – Pi – an- porque para el misionero Shaolín se debe hacer el bien a todos, aunque todos no hagan el bien.

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